Estudio y práctica del Principio
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Sección 1. La Predestinación de la Voluntad

Definamos primero la «voluntad», antes de estudiar la predestinación de la voluntad.

Dios no pudo cumplir Su propósito de la creación a causa de la caída humana. Por tanto, la voluntad de Dios, al obrar en Su providencia con los hombres caídos, será realizar Su propósito de la creación. En otras palabras, «la voluntad» significa el cumplimiento del propósito de la providencia de la restauración.

A continuación, debemos saber que Dios primero determina la voluntad, y luego obra para realizarla. Dios, para crear al hombre, estableció Su voluntad de cumplir el propósito de la creación. Sin embargo, debido a la caída humana, El no pudo realizarla. Con el fin de realizar la voluntad, El tiene que determinarla por segunda vez, y emprender entonces la providencia de la restauración.

Dios predestina siempre la voluntad del bien, no del mal; luego El trabaja para realizarla. Puesto que Dios es la esencia del bien, Su propósito de la creación debe ser también un propósito de bondad. Naturalmente, el propósito de Su providencia de la restauración debe ser bueno, y Su voluntad para realizar este propósito debe ser también buena. Dios no pudo haber predestinado algo que obstruyera o fuera en contra del propósito de la creación. Así sabemos que El no pudo haber predeterminado cosas tales como la caída humana, el juicio de los hombres caídos o la destrucción del universo. Si estos resultados malos hubieran sido algo necesario predestinado por Dios, El no se habría lamentado de los resultados malos de Su propia predestinación, y nosotros no podríamos creer en Dios como sujeto del bien.

Dios, mirando a los hombres caídos, se sentía apenado por haber hecho al hombre en la tierra (Gn. 6:6); y, viendo la infidelidad del Rey Saúl, se arrepintió de haber hecho rey a Saúl (1 S. 15:11). Esto es una buena prueba de que estos hechos no fueron el resultado de la predestinación de Dios. Estos resultados malos ocurrieron debido al fracaso del hombre en cumplir su parte de responsabilidad, y por estar del lado de Satanás.

¿En qué medida Dios predetermina la voluntad para cumplir Su propósito de la creación?

Dios es el ser absoluto, único, eterno e incambiable; así que el propósito de la creación de Dios debe ser igual. Por consiguiente, la voluntad de la providencia de la restauración, que es cumplir el propósito de la creación, debe ser única, incambiable y absoluta (Is. 46:11). Dios predetermina la voluntad absolutamente; así pues, cuando una persona escogida para la voluntad falla en cumplirla, Dios debe seguir adelante, estableciendo a otra persona en lugar de la que falló.

Por ejemplo, cuando la voluntad de Dios de cumplir el propósito de la creación centrada en Adán falló, El mandó a Jesús como el segundo Adán, intentando cumplir la voluntad centrado en él, debido a que Su predestinación de la voluntad es absoluta. Cuando esta voluntad de nuevo fracasó, a causa de la incredulidad del pueblo (ref. Parte I, Cap. IV, Sec. I, 2), Jesús prometió que el Señor volvería y cumpliría la voluntad con toda seguridad (Mt. 16:27).

También, en la familia de Adán, Dios pensó establecer el fundamento para recibir al Mesías mediante Su providencia centrada en Caín y Abel. Sin embargo, esta voluntad acabó en un fracaso cuando Caín mató a Abel. Entonces, Dios pensó cumplir Su voluntad a través de la familia de Noé. Cuando la familia de Noé falló en realizar esta voluntad, Dios tuvo que elegir a Abraham para cumplir la voluntad.

En otros ejemplos, Dios pensó cumplir a través de Set la voluntad que falló Abel en cumplir (Gn. 4:25). También, El planeó cumplir la voluntad que quedó incompleta con Moisés escogiendo a Josué en su lugar (Jos. 1:5) y, también, El trató de cumplir la voluntad no realizada debido a la traición de Judas Iscariote eligiendo a Matías (Hch. 1:25).