La Predestinación
Las controversias teológicas sobre la «Predestinación», han causado una gran confusión en la vida religiosa de muchos cristianos. Debemos comprender las causas que dieron lugar a esto.
En la Biblia, hay muchos versículos que podrían ser interpretados como dando a entender que la fortuna o desgracia y la felicidad o miseria de cualquier individuo, así como la salvación o condenación de los hombres caídos y el alzamiento y decadencia de las naciones, ocurre todo conforme a la predestinación de Dios.
Por ejemplo: «y a los que predestinó, a ésos también los llamó; y a los que llamó, a ésos también los justificó; a los que justificó, a ésos también los glorificó» (Rm. 8:30). También leemos: «...seré misericordioso con quien lo sea; me apiadaré de quien me apiade. Por tanto, no se trata de querer o de correr, sino de que Dios tenga misericordia» (Rm. 9:15-16). De nuevo se dice (Rm. 9:21): «¿O es que el alfarero no es dueño de hacer de una misma masa unas vasijas para usos nobles y otras para usos despreciables?». También se dice (Rm. 9:11-13), que Dios amó a Jacob y odió a Esaú desde que estaban en el vientre de su madre, y luego dijo que el mayor serviría al menor.
Así hay bastantes fundamentos bíblicos para justificar «la predestinación absoluta». Pero no debemos olvidar que hay también muchos versículos bíblicos que la niegan.
Por ejemplo, cuando vemos que Dios advirtió a los primeros antepasados humanos de que no comieran del fruto (Gn. 2:17), con el fin de impedir que cayeran, es evidente que la caída del hombre no fue la predestinación de Dios, sino el resultado de la desobediencia del hombre al mandamiento de Dios. También leemos (Gn. 6:6), que a Dios le pesó haber hecho al hombre en la tierra. Si el hombre hubiera caído conforme a la predestinación de Dios, no habría razón para que Dios se arrepintiera de haber creado al hombre, cuya caída ya había sido predestinada. Juan 3:16, dice que todo el que crea en Cristo no se perderá.
Cuando leemos en Mateo 7:7: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá», podemos ver que nada se cumple meramente por la predestinación de Dios, sino también influyen los esfuerzos del hombre. Si todas las cosas se realizaran solamente por la predestinación de Dios, ¿por qué razón Dios resaltó los esfuerzos humanos?
También, cuando leemos que debemos orar por los hermanos enfermos (Stg. 5:14), podemos comprender que el sufrimiento causado por la enfermedad no es la predestinación de Dios. Si todas las cosas fueran decididas inevitablemente por la predestinación de Dios, no serían necesarias las oraciones llenas de lágrimas del hombre.
Si aceptamos la creencia tradicional de la predestinación, las oraciones del hombre, la evangelización, la caridad y todos los demás esfuerzos humanos, no ayudarían en nada a que se cumpliera la providencia de la restauración de Dios; y cualquiera de estos esfuerzos sería en definitiva inútil. Esto es así porque la predestinación de Dios, quien es absoluto, debería ser también absoluta, sin dejar la posibilidad de cambio alguno causado por los esfuerzos humanos.
Puesto que hay suficientes fundamentos bíblicos tanto para aceptar como para rechazar la teoría de la predestinación, las controversias sobre la doctrina de la predestinación son inevitables. ¿Cómo resuelve estos problemas el Principio? Investiguemos la cuestión de la predestinación.