Estudio y práctica del Principio
Mis marcadores
    Todavía no tiene marcadores.

Sección 4. Aclaración de los Versículos Bíblicos que Parecen Justificar la Teoría de la Predestinación

Hemos aclarado muchos problemas sobre la predestinación de Dios. Pero aún queda por resolver el problema de cómo explicar los relatos bíblicos, como los enumerados en la introducción a este capítulo, que están escritos como si todas las cosas ocurrieran por la predestinación absoluta de Dios.

Expliquemos primero el significado de Romanos 8:29-30, que dice: «Pues a los que de antemano conoció, también los predestinó... y a los que predestinó, a ésos también los llamó; y a los que llamó, a ésos también los justificó; a los que justificó, a ésos también glorificó».

Dios, siendo omnisciente, conoce de antemano a quienes están capacitados para ser la figura central en la providencia de la restauración (Sec. III). Por consiguiente, Dios predestina y llama a la persona que conoce de antemano, con el fin de cumplir la providencia de la restauración. Llamar a la persona es la parte de responsabilidad de Dios, pero esto solo no significa que la persona vaya a ser justificada y finalmente glorificada por Dios. Debe cumplir su propia parte de responsabilidad en la posición de una persona llamada por Dios, antes de poder ser justificada; sólo después de ello, será glorificada por Dios. Está predestinado que el hombre pueda disfrutar de la gloria de Dios sólo después de cumplir su propia parte de responsabilidad. En la Biblia no hay ninguna palabra sobre la parte de responsabilidad del hombre, por lo que parece que todo se realiza meramente por la predestinación absoluta de Dios.

La Biblia en Romanos 9:15-16, dice: «Seré misericordioso con quien lo sea; me apiadaré de quien me apiade. Por tanto, no se trata de querer o de correr, sino de que Dios tenga misericordia».

Como aclaramos anteriormente, Dios escoge al más adecuado para la realización del propósito de la restauración, conociendo de antemano sus cualidades. Por tanto, es el privilegio de Dios elegir a esta persona y tener misericordia y apiadarse de ella. No depende del deseo o los esfuerzos del hombre. Estos versículos están dados para resaltar el poder y la gracia de Dios.

De nuevo Romanos 9:21, dice: «¿Es que el alfarero no es dueño de hacer de una misma masa unas vasijas para usos nobles y otras para usos despreciables?»

Ya ha sido dicho que Dios estableció la propia parte de responsabilidad del hombre como una condición para elevarlo a la posición de señor de toda la creación y darle el máximo amor, haciendo que éste refleje Su naturaleza creativa. Sin embargo, el hombre cayó, violando esta condición; por ello se convirtió en un ser sin valor, casi como basura. Así, este versículo fue dado para enseñar a la gente que esta clase de hombres no tienen ningún derecho a quejarse ante Dios, cualquiera sea la manera como los trate.

Además, la Biblia afirma que Dios amó a Jacob pero odió a Esaú, y que «el mayor servirá al menor» (Rm. 9:10-13).

¿Cuál debió ser la razón para que Dios amara a Jacob y odiara a Esaú cuando aún no habían nacido ni habían hecho nada bueno o malo? Fue para cumplir el plan de Dios en el curso de la providencia de la restauración. Esto se explicará más detalladamente en la sección que trata de la providencia de la restauración centrada en la familia de Abraham (ref. Parte II, Cap. I, Sec. III). Debemos comprender aquí que Dios dio dos hijos a Isaac, Esaú y Jacob, porque debía ser restaurada por indemnización la primogenitura, que no había sido cumplida cuando Caín mató a Abel en la familia de Adán. Dios pensó hacer esto poniendo a los dos hermanos en las posiciones de Caín y Abel, haciendo que Jacob (en la posición de Abel) lograra que Esaú (en la posición de Caín) abandonara su intención de matarlo. Dios dijo eso debido a que Esaú, estando en la posición de Caín, podía recibir el odio de Dios, mientras que Jacob, estando en la posición de Abel, podía recibir Su amor.

En realidad, que Dios amara u odiara a uno o a otro, dependía del cumplimiento de sus respectivas partes de responsabilidad. De hecho, Esaú, al someterse en obediencia a Jacob, recibió la misma bendición de amor que Jacob, aunque fuera propenso a ser odiado por Dios. Por el contrario, Jacob, aunque estaba en la posición de ser amado por Dios, no habría recibido este amor si hubiera fallado en cumplir su parte de responsabilidad.

El que haya aparecido un hombre como Calvino, que mantuvo obstinadamente su «teoría de la predestinación», y que mucha gente haya creído en esta teoría durante mucho tiempo, fue debido a la ignorancia de la relación entre la parte de responsabilidad del hombre y la de Dios, al cumplir el propósito de la providencia de la restauración. CAPITULO VII Cristología Los hombres caídos que están en camino hacia la meta de la salvación aún tienen que resolver muchas preguntas. Las más importantes de todas son aquellas referentes a la relación entre Jesús y el Espíritu Santo centrados en Dios, la relación entre Jesús, el Espíritu Santo y el hombre caído, el renacimiento, la Trinidad y todas las demás que entran dentro del campo de la Cristología. Hasta ahora nadie ha contestado completamente estas preguntas. A causa de ello, hay mucha confusión en la vida de fe y en las doctrinas del Cristianismo. Para resolver estas cuestiones primero debemos comprender el valor del hombre original recibido en su creación. Estudiemos esta cuestión antes de ver las demás. SECCION I El Valor del Hombre que ha Cumplido el Propósito de la Creación Estudiemos el valor del hombre que ha cumplido el propósito de la creación; es decir, el valor de Adán perfecto. Primero, estudiemos la relación entre Dios y el hombre perfecto según el punto de vista de «las características duales». Conforme al principio de la creación, el hombre fue creado con mente y cuerpo según el modelo de las características duales de Dios. La relación mutua que existe entre Dios y el hombre perfecto puede ser comparada a la relación entre la mente y el cuerpo del hombre. De igual manera que el cuerpo fue creado como el objeto substancial de la mente invisible a la cual refleja, así también el hombre fue creado como el objeto substancial del Dios invisible, hecho según Su imagen. Así como no podemos separar a la mente y el cuerpo cuando forman una unidad en un hombre perfecto centrado en Dios, de igual forma nunca podremos romper la relación establecida por Dios y el hombre perfecto cuando forman un solo cuerpo a través del fundamento de cuatro posiciones, porque en este estado el hombre vive en perfecta unión con el corazón y los sentimientos de Dios. De esta manera, el hombre que cumple el propósito de la creación llega a ser el templo donde Dios habita constantemente (1 Co. 3:16), asumiendo así divinidad (ref. Parte I, Cap. I, Sec. III, 2). Como Jesús dijo, el hombre debe llegar a ser perfecto como nuestro Padre Celestial es perfecto (Mt.5:48). Por consiguiente, el hombre que ha cumplido el propósito de la creación asume el valor divino de Dios. Segundo, consideremos el valor del hombre centrados en el propósito por el cual fue creado. El propósito de Dios al crear al hombre fue sentir felicidad a través de él. Cada individuo tiene características especiales que los demás no tienen. Aunque el número de gente en la tierra es muy grande, no se pueden encontrar dos personas con individualidades idénticas. Por lo tanto, en toda la creación sólo hay un individuo que, al formar una base recíproca con las esencialidades duales particulares de Dios que están en la posición de sujeto para ese individuo, pueda devolver alegría estimulante a Dios como Su objeto substancial (ref. Parte I, Cap. I, Sec. III, 2). Cualquier hombre que haya cumplido el propósito de la creación es una existencia