Estudio y práctica del Principio
Mis marcadores
    Todavía no tiene marcadores.

Sección 3. La Fuerza del Amor, la Fuerza del Principio y el Mandamiento para la Fe

3.1 La caída humana según el punto de vista de la fuerza del amor y la fuerza del Principio

El hombre fue creado por el Principio y para vivir según la órbita del Principio. Por lo tanto, la fuerza del Principio no pudo causar la caída, arrojando al hombre fuera de esa órbita. Podemos comparar esto a un tren sin desperfectos en la máquina, que no puede descarrilarse por sí mismo. Para que un tren se salga de la vía debe chocar contra él una fuerza exterior, más grande que su propia fuerza de locomoción, que venga en una dirección diferente. De igual manera, el hombre puede caer cuando choca contra él una cierta fuerza más grande y con un propósito diferente que la del Principio que le hace perfeccionarse. No hay otra fuerza más grande que la del Principio excepto la fuerza del amor. Por consiguiente, para el hombre, en un estado inmaduro, existía la posibilidad de caer a causa de la fuerza de un amor que no estuviera centrado en el Principio.

¿Por qué la fuerza del amor era más grande que la fuerza del Principio, en tal medida que el hombre cayó cuando tomó contacto con el amor dirigido por un propósito diferente?

De acuerdo con los principios de la creación, el amor de Dios es el amor subjetivo, que se manifiesta a través del fundamento de cuatro posiciones, el cual se establece perfeccionando los tres propósitos objetivos mediante los tres amores objetivos. Por ello, el amor es la fuente de la vida y la felicidad del hombre, porque sin el amor de Dios el fundamento de cuatro posiciones, que es el propósito de la creación del hombre, nunca podría ser establecido.

Dios, por medio del amor, debería tener dominio sobre el hombre, que está creado mediante el Principio. Por consiguiente, la fuerza del amor debe ser más grande que la del Principio con el fin de que el amor tenga el máximo valor. Si la fuerza del amor fuera más débil que la del Principio, el amor de Dios no podría dominar al hombre, que fue creado mediante el Principio y el hombre procuraría más el Principio que el amor de Dios. Precisamente por esta razón, Jesús quiso educar a sus discípulos con la verdad y salvarlos con el amor.

3.2 El propósito de dar el mandamiento para la fe

¿Con qué propósito Dios les dio a Adán y Eva el mandamiento para la fe de no comer del fruto? Si Adán y Eva, que no podían recibir el dominio directo del amor de Dios debido a su inmadurez, iniciaban una relación recíproca con el arcángel basada en un amor fuera del Principio, entonces podrían caer, ya que la fuerza del amor es más grande que la del Principio. Pero, por muy grande que fuera la fuerza del amor del arcángel, si ellos hubieran seguido el mandamiento de Dios sin corresponder al arcángel, teniendo sólo una acción de dar y recibir con Dios, de ningún modo hubiesen caído. En ese caso, la fuerza del amor fuera del Principio no tendría ningún efecto. La fuerza del amor ilícito les hizo desviarse del Principio a causa de que formaron una base recíproca con el arcángel y efectuaron la acción de dar y recibir con él, en contra del mandamiento de Dios.

Dios les dio este mandamiento cuando aún estaban inmaduros no tan sólo porque El deseara impedir que cayeran, sino porque Dios también quería que el hombre disfrutara del dominio sobre toda la creación, asemejando la creatividad de Dios. Así pues, Adán y Eva deberían haberse perfeccionado a sí mismos mediante su fe en la Palabra, que era su propia parte de responsabilidad (ref. Parte I, Cap. I, Sec. V, 2 [2]).

Dios no le dio este mandamiento al arcángel, sino al hombre; El quería exaltar la dignidad y calificaciones del hombre en los principios de la creación para que pudiera dominar incluso al arcángel desde la posición de hijo de Dios.

3.3 El período durante el cual era necesario el mandamiento para la fe

¿Habría sido necesario para siempre el mandamiento de Dios de no comer el fruto? Según el punto de vista del amor, el cumplimiento de la segunda bendición de Dios es que Adán y Eva perfeccionados entraran en el dominio directo de Dios a través de Su amor, convirtiéndose en marido y esposa centrados en el amor de Dios y multiplicando hijos (Gn. 1:28). Por tanto, el hombre fue creado, según el Principio, para poder comer del fruto después de su perfección.

Dado que la fuerza del amor es más fuerte que la del Principio, Adán y Eva no habrían caído si, llegando a ser marido y esposa después de su perfección, hubieran entrado en el dominio directo de Dios a través de un amor absoluto. En este caso, ningún hombre o ninguna otra fuerza podría interrumpir la fuerza del amor conyugal absoluto. Además, la fuerza del amor del arcángel, que era menor y más débil que la del hombre, de ninguna forma podría haber roto su amor recíproco centrado en Dios. Por consiguiente, el mandamiento de Dios a Adán y Eva de no comer del fruto habría sido necesario únicamente en el período de su inmadurez.