Estudio y práctica del Principio
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Sección 4. El Renacimiento y la Trinidad

La teoría de la Trinidad ha sido considerada en el mundo teológico como una de las cuestiones más difíciles de resolver. Asimismo, no se ha dado una solución fundamental a otra pregunta referente a la teoría del renacimiento, que estudiaremos ahora.

4.1 El renacimiento

4.1.1 Jesús y el Espíritu Santo según el punto de vista del renacimiento

Jesús le dijo a Nicodemo, un líder de los judíos, que a no ser que naciera de nuevo no podría ver el Reino de Dios (Jn. 3:3). «Nacer de nuevo» significa nacer por segunda vez. Estudiemos por qué razón los hombres caídos deben nacer de nuevo.

Si Adán y Eva, cumpliendo el ideal de la creación, se hubieran convertido en los Padres Verdaderos de la humanidad, sus descendientes habrían realizado el Reino de los Cielos sobre la tierra, como hijos del bien sin pecado original. Sin embargo, al caer, se convirtieron en los padres malos de la humanidad y multiplicaron hijos malos, construyendo así el Infierno en la tierra. Por lo tanto, como Jesús le dijo a Nicodemo, los hombres caídos no podrán ver el Reino de Dios a no ser que nazcan de nuevo como hijos sin pecado original.

Para nacer necesitamos a nuestros padres. Entonces, ¿quiénes son los padres del bien que nos van a dar nacimiento por segunda vez como hijos sin pecado original, capacitados para entrar en el Reino de Dios?

Es imposible que los padres malos con pecado original den nacimiento a hijos del bien sin pecado original. Naturalmente, no podemos esperar encontrar a los padres del bien entre los hombres caídos. Estos padres deberían «descender» del Cielo. Jesús, que vino del Cielo, era el Padre Verdadero de la humanidad. En otras palabras, él vino como el Padre Verdadero con el fin de realizar el Reino de los Cielos sobre la tierra, dando renacimiento a los hombres caídos como hijos del bien sin pecado original. Por ello, se dice (1 P. 1:3): «...por su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha reengendrado a una esperanza viva».

Jesús vino como el Padre Verdadero en la posición que Adán no pudo cumplir. Por esta razón, la Biblia dice que Jesús es el segundo Adán (1 Co. 15:45); que él es el «Padre Eterno» (Is. 9:6); y que Dios mandaría de nuevo a Elías, el profeta, que haría volver los corazones de los hijos (hombres caídos) a su padre (Jesús), para que pudieran también llegar a ser sus hijos (Ml. 3:24). Además, está escrito que Jesús volverá de nuevo con sus ángeles en la gloria de su Padre (Mt. 16:27).

Sin embargo, un padre solo no puede dar nacimiento a los hijos. Debe haber una Madre Verdadera junto con el Padre Verdadero para dar renacimiento a los hombres caídos como hijos del bien. Ella es el Espíritu Santo. Por esta razón Jesús le dijo a Nicodemo que nadie puede entrar en el Reino de Dios a no ser que nazca de nuevo a través del Espíritu Santo (Jn. 3:5).

Hay muchas personas que reciben revelaciones que indican que el Espíritu Santo es un espíritu femenino. Esto es debido a que ella vino como la Madre Verdadera, es decir, la segunda Eva. Además, ya que el Espíritu Santo es un espíritu femenino, no podemos llegar a ser la «novia» de Jesús si no recibimos el Espíritu Santo. Así, el Espíritu Santo es un Espíritu femenino que consuela y conmueve los corazones de la gente (1 Co. 12:3). Ella también restaura a la gente limpiando sus pecados, indemnizando así el pecado cometido por Eva. Jesús, siendo masculino (positividad) trabaja en el cielo, mientras que el Espíritu Santo, siendo femenino (negatividad) trabaja en la tierra.

4.1.2 Jesús y el Espíritu Santo según el punto de vista de las esencialidades duales del Logos

«Logos» es una palabra helénica, que significa «palabra» o «ley». Está escrito (Jn. 1:1), que el Logos está en una posición objetiva ante Dios. Por ello, puesto que Dios, como el sujeto del Logos, contiene características duales en Sí mismo, el Logos, como su objeto, también debería contener características duales. Si el Logos no tuviera características duales, las cosas de la creación, que fueron hechas a través del Logos (Jn. 1:3), tampoco tendrían características duales. Adán y Eva eran los objetos substanciales de Dios, originados por la división de las características duales del Logos (ref. Parte I, Cap. I, Sec. I, 1).

Si Adán se hubiera convertido en el Árbol de la Vida, como el ser masculino que ha realizado el ideal de la creación, y si Eva, simbolizada por el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, se hubiera convertido en el ser femenino que ha realizado el ideal de la creación, entonces ambos juntos habrían llegado a ser los Padres Verdaderos de la humanidad y habrían cumplido las tres grandes bendiciones de Dios para el hombre, posibilitando así la realización del Reino de los Cielos sobre la tierra. Sin embargo, debido a su caída, el mundo se convirtió en el Infierno sobre la tierra. Por consiguiente, Jesús vino como el Padre Verdadero de la humanidad, con la misión del Árbol de la Vida (Ap. 22:14); es decir, como el segundo Adán (1 Co. 15:45).

Entonces, es lógico que tenga que venir también la Madre Verdadera de la humanidad, con la misión del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal (Ap. 22:17); es decir, la segunda Eva. El Espíritu Santo vino como la Madre Verdadera para dar renacimiento al hombre caído.

4.1.3 El renacimiento espiritual a través de Jesús y el Espíritu Santo

Un niño nace del amor de sus padres. Como está escrito (1 Co. 12:3), cuando creemos en Jesús como el Salvador a través de la inspiración del Espíritu Santo, recibimos el amor de los Padres Verdaderos espirituales, que viene de la acción de dar y recibir entre Jesús, el Padre Verdadero espiritual, y el Espíritu Santo, la Madre Verdadera espiritual. Entonces, a través de su amor se infunde nueva vida en quienes creen en Cristo, y todos renacen como un nuevo ser espiritual. Esto se llama «renacimiento espiritual». Los hombres cayeron espiritual y físicamente; así que debemos también eliminar el pecado original a través de un «renacimiento físico». Por lo tanto, Cristo debe venir de nuevo para dar la salvación física al hombre naciendo otra vez en la tierra.

4.2 La Trinidad

De acuerdo con los principios de la creación, el propósito divino de la creación sólo puede ser realizado a través del fundamento de cuatro posiciones que se establece cumpliendo los tres propósitos objetivos a través de la acción origen-división-unión. Por consiguiente, Jesús y el Espíritu Santo, con el fin de cumplir el propósito de la creación, deben establecer el fundamento de cuatro posiciones centralizado en Dios, formando una unidad a través de la acción de dar y recibir, como los objetos de Dios originados por la división substancial de Sus características duales. De esta forma, Jesús y el Espíritu Santo forman un solo cuerpo centrado en Dios; esto se llama la «Trinidad».

Originalmente, el propósito divino de la creación era que Adán y Eva formaran una trinidad, llegando a ser un solo cuerpo en el amor como los Padres Verdaderos de la humanidad, estableciendo así el fundamento de cuatro posiciones centralizado en Dios. Si ellos hubieran llegado a la perfección sin caer, formando una trinidad como los Padres Verdaderos centrados en Dios, y hubieran multiplicado hijos del bien, todos sus descendientes habrían crecido hacia la perfección formando también parejas ideales; cada una de ellas formarían una trinidad con Dios. Naturalmente, el Reino de los Cielos sobre la tierra se habría realizado centralizado en la primera pareja humana, conforme a la realización de las tres grandes bendiciones que Dios les dio. Sin embargo, debido a la caída, Adán y Eva establecieron el fundamento de cuatro posiciones centralizado en Satanás, formando así una trinidad con Satanás. Por ello, sus descendientes han formado también trinidades centralizados en Satanás y han creado una sociedad humana corrompida.

Por lo tanto, Dios debe obrar para que todos los hombres caídos nazcan de nuevo a través de los Padres Verdaderos de la humanidad, Jesús y el Espíritu Santo, como el segundo Adán y la segunda Eva, y entonces hacer que todos formen respectivamente una trinidad centralizada en Dios. Pero a causa de la injusta muerte de Jesús, él y el Espíritu Santo sólo han cumplido la misión de los Padres Verdaderos espirituales, formando la Trinidad espiritual centralizada en Dios. Ya que Jesús y el Espíritu Santo han dado solamente el renacimiento espiritual, los santos están aún en la posición de sus hijos espirituales, restaurados solamente a través de la Trinidad espiritual.

Cristo debe venir de nuevo en la carne para llegar a ser el Padre Verdadero a la vez espiritual y físico, al formar una Trinidad substancial centralizada en Dios. Entonces, él dará el renacimiento espiritual y físico, haciendo que todos los hombres caídos formen (por parejas) trinidades substanciales centralizadas en Dios, después de haber eliminado el pecado original. Cuando los hombres caídos hayan establecido el fundamento de cuatro posiciones en su forma original centralizada en Dios, entonces el Reino de los Cielos sobre la tierra será restaurado mediante la realización de las tres grandes bendiciones que Dios dio al hombre. Introducción La «providencia de la restauración» es la providencia de Dios para restaurar al hombre caído a su estado original, haciéndole cumplir el propósito de la creación. Como se ha demostrado en la Parte I, el hombre cayó en el nivel de perfección de la etapa de crecimiento y ha permanecido desde entonces bajo el dominio de Satanás. Con el fin de restaurarlo, Dios debe primero llevar a cabo la providencia de separar al hombre de Satanás. Como se ha discutido detalladamente en la «Cristología», para que el hombre caído pueda separarse de Satanás y restaurarse a su estado original de antes de la caída, debe eliminar el pecado original. Pero el hombre no puede eliminar el pecado original si no renace a través del Mesías quien viene como su Padre Verdadero. Por lo tanto, el hombre caído, habiéndose separado de Satanás, debe ante todo restaurarse simbólicamente hasta el nivel de perfección de la etapa de crecimiento; es decir, hasta el nivel que Adán y Eva habían crecido. Sobre este fundamento, puede recibir al Mesías y, a través del renacimiento, restaurarse a la posición de antes de la caída de Adán y Eva. Entonces debe seguir al Mesías y crecer hasta cumplir finalmente el propósito de la creación. Puesto que la providencia de la restauración es recrear al hombre de tal forma que pueda cumplir el propósito de la creación, Dios debe llevar a cabo Su providencia de acuerdo con el Principio. El principio mediante el cual se realiza la restauración se llama el «principio de la restauración». Examinemos más ampliamente cómo se realiza la providencia de la restauración. I. El Principio de la Restauración por Indemnización 1. LA RESTAURACION POR INDEMNIZACION Antes de discutir las cuestiones relativas al principio de la restauración por indemnización, debemos primeramente saber en qué posición quedó el hombre, a causa de la caída, en relación con Dios y Satanás. Originalmente, si los primeros antepasados de la humanidad hubieran alcanzado la perfección sin caer, llegando a unirse con Dios en corazón, habrían estado en la posición de servir solamente a Dios. Pero, a causa de la caída, al tener una relación de sangre con Satanás quedaron situados en una posición donde también tenían que relacionarse con él. Inmediatamente después de la caída, Adán y Eva no habían hecho nada bueno o malo, pero por poseer el pecado original fueron situados en una posición intermedia entre Dios y Satanás. Sus descendientes quedaron situados en la misma posición. Por esta razón, los hombres de la sociedad caída que llevan una vida de buena conciencia no pueden ser llevados al Infierno por Satanás, aunque no tengan fe en Jesús, puesto que están en una posición intermedia. Por otro lado, por muy sincera que sea la vida de estos hombres, Dios no puede llevarlos al Paraíso si no creen en Jesús. Por consiguiente, estos hombres espirituales tienen que vivir en un mundo espiritual intermedio, que no es ni el Paraíso ni el Infierno. ¿Cómo Dios separa de Satanás a estos hombres caídos que se encuentran en una posición intermedia? Satanás domina al hombre caído, con quien tiene una relación de sangre, así que ni siquiera Dios puede restaurar incondicionalmente al hombre hacia el lado del Cielo, a menos que él mismo establezca las condiciones que permitan a Dios tomarlo. Asimismo, Satanás no puede llevar al hombre al Infierno incondicionalmente, si no hay una condición en el hombre mismo por la cual Satanás pueda invadirle, ya que Satanás sabe que el creador del