Sección 3. La Historia de la Providencia de la Restauración y «Yo»
El cuerpo individual llamado «yo» es, después de todo, un producto de la historia de la providencia de la restauración. Este «yo» es el personaje que debe cumplir el propósito hacia el cual se dirige la historia. Por lo tanto, «yo» debo vivir para la voluntad de la historia. Con el fin de hacer esto, «yo» debo establecer horizontalmente, centradas en «mí mismo», todas las condiciones de indemnización que son demandadas por la historia de la providencia de la restauración desde hace mucho tiempo. Sólo al hacer esto, «yo» puedo llegar a ser el fruto deseado por la historia de la providencia de la restauración. Por lo tanto, «yo» debo restaurar horizontalmente por indemnización en mi generación, centradas en mí mismo, todas las misiones de todas las eras que no pudieron cumplir los profetas y los santos, elegidos para realizar el propósito de la providencia de la restauración en el curso de la historia. Si no es así, «yo» no puedo llegar a ser el individuo que ha cumplido el propósito de la providencia de la restauración.
Para que «yo» sea este vencedor histórico, «yo» debo conocer con precisión el corazón de Dios cuando trabajó con los profetas y los santos, el significado fundamental de que El los llamara y las misiones providenciales que El les confió. No hay nadie entre los hombres caídos que pueda llegar realmente a tal posición por sí mismo. Por ello, debemos comprender todas estas cosas por medio del Señor de la Segunda Llegada, quien debe venir como el cumplimiento de la providencia de la restauración. Creyendo en él, llegando a ser un cuerpo con él, debemos estar en la posición de establecer, horizontalmente, todas las condiciones verticales de indemnización de la historia de la providencia de la restauración.
De esta manera, el camino que han recorrido todos nuestros predecesores, que vinieron a realizar la voluntad de Dios en la providencia de la restauración, es el que hoy nosotros mismos debemos recorrer de nuevo. Además, debemos recorrer los caminos que ellos no recorrieron. Los hombres caídos no pueden jamás encontrar el camino de la vida sin conocer las particularidades y el contenido de la providencia de la restauración. Esta es la razón por la que debemos conocer detalladamente el principio de la restauración. CAPITULO I La Era Providencial para el Fundamento de la Restauración SECCION I La Providencia de la Restauración Centrada en la Familia de Adán Aunque la caída humana fue causada por el propio fallo del hombre, ya hemos explicado (ref. Parte I, Cap. III, Sec. II, 1) cómo Dios se vio obligado a obrar para salvar al hombre caído, comenzando tempranamente en la familia de Adán Su providencia para restaurar a los hombres caídos, haciéndoles establecer el fundamento para recibir al Mesías. Como hemos visto en la «Introducción», Adán, a causa de su relación de sangre con Satanás, se hallaba en una posición intermedia en la que podía relacionarse tanto con Dios como con Satanás. Por consiguiente, el hombre caído, que se encuentra en esta posición intermedia, debe cumplir por sí mismo ciertas condiciones de indemnización con el fin de separarse de Satanás y dirigirse al lado celestial para establecer el fundamento para recibir al Mesías. La providencia de la restauración no podía realizarse a menos que la familia de Adán establezca las condiciones de indemnización para restaurar el fundamento de fe y el fundamento de substancia, mediante los cuales se logra el fundamento para el Mesías y sobre este fundamento, recibir finalmente al Mesías. 1. EL FUNDAMENTO DE FE En primer lugar, para establecer el fundamento de fe, deben haber ciertos objetos condicionales para su restauración por indemnización. Originalmente, Adán, debido a su incredulidad, perdió la Palabra de Dios dada como condición para establecer el fundamento de fe. Por ello, para que Adán, quien cayó en una posición en la que no podía recibir directamente la Palabra de Dios restaurase el fundamento de fe, debería haber ofrecido ciertos objetos condicionales agradables a Dios en lugar de la Palabra. Este objeto condicional que debía ser ofrecido en la familia de Adán en lugar de la Palabra era la ofrenda. En segundo lugar, para restaurar el fundamento de fe debe haber una figura central, capaz de restaurar dicho fundamento. La figura central para restaurar el fundamento de fe en la familia de Adán era naturalmente el mismo Adán. Por lo tanto, Adán debería ofrecer los sacrificios. El éxito o no en establecer el fundamento de fe dependía de que los ofreciera de una manera aceptable o no. El relato bíblico nos muestra que Adán no pudo ofrecer sacrificios, sino que en su lugar lo hicieron Caín y Abel. ¿Cuál debió ser la razón? De acuerdo con los principios de la creación, el hombre fue creado originalmente para relacionarse con un solo señor. Por consiguiente, Dios no puede llevar a cabo Su providencia dentro de los principios de la creación con un ser que está en la posición de depender de dos señores. Si Dios hubiera aceptado a Adán y a